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El Vuelo del Hombre a través de los mundos. Parte 4.

El Vuelo del Hombre a través de los mundos. Cuarta Parte. Héctor Olvera
20 marcha 2006

El Vuelo del Hombre a través de los mundos. 4ta Parte. por Hector Olvera. etor@hectorolvera.com

 

El mundo esencial se caracteriza porque  podemos ser nosotros mismos. En el de la personalidad antes que todo hay una lucha por afirmarse y ser uno mismo,  se es muchas cosas, pero nunca uno mismo. Quizá se trata de ser independiente a base de alejarse del dominio de otra gente. Los esfuerzos estériles se dirigen a tener un hogar, conseguir su sustento, tener sus propias opiniones, por ser su propio jefe. En pocas palabras buscan su identidad con base a cosas externas. En el mundo esencial se es independiente, ya que no hay lucha simplemente se Es y las cosas externas nada tienen que ver. La libertad de la esencia no es liberarse de las cosas externas, sino de lo que internamente los detiene y no les permite ser. Cuando se Es uno es capaz de hacer cosas que son muy difíciles de hacer en el mundo de la personalidad, aquí se busca siempre apoyo externo para realizar las tareas, se espera que lo realizado esté de acuerdo a lo que los demás esperan de uno. En cambio en el mundo esencial no existen dichos obstáculos, al contrario se comprende internamente tanta insensatez que vive en el mundo de la personalidad y se ve como son a los demás, ridículos. Deben sentir en sí mismos cuando actuaron libres y cuando las inhibiciones regresan y el cómo los sofocan las leyes dependientes del mundo de la personalidad.

La libertad de ser y actuar en el mundo esencial es aún una libertad relativa, ya que es un separase de otra gente, pero el mundo esencial es pequeño y se corre el riesgo de creer que es el todo, hay todavía otros valles más bastos en los siguientes mundos superiores.

Cuando se entra en el mundo de la esencia se produce una división entre lo interior y lo exterior, el cambio en la comprensión es grande pero es aún muy poca la diferencia con lo que se encontrará después. Esto se debe principalmente a que se está muy acostumbrado a ser como se ha sido, a no pensar por sí mismos, es decir, a cargar con todos los hábitos y condicionamientos que nos han sido heredados por nuestros antepasados, de tal suerte que todo aquello que los tieso-seres llaman su experiencia interior, no es sino los estímulos exteriores y su rutinaria vida, de hecho se originaron fuera de ellos y esto sucedió de la única manera posible, por lo tanto nada de ello les pertenece, quizá comprendan ahora a lo que me refiero con ese creer que pueden hacer, todo es hecho, y en los mundos inferiores, en el de la personalidad y el de su contra parte negativa, ningún tipo de experiencia interna es posible. Sólo al entrar en el mundo esencial  empezarán a vivir su propia vida, con independencia de lo que sucede en su alrededor. Entonces es real la separación, en el mundo de la personalidad se cree que el estar separados de otras gentes los hace diferentes, más no dejan de ser lo mismo, en el mundo esencial se vive dicha separación y comienza a operar la ley de identidad, cada cual con su propia naturaleza y su vida interior independiente.

Me regreso, pues no quiero que crean que al entrar en el mundo esencial es todo, comenzaré con decir que lo que se obtiene no es permanente, de hecho en este mundo no se tiene la posibilidad de entrar en otros seres, además se pueden sentir satisfechos con lo que aparentemente son posibilidades inagotables de su propia naturaleza, no, esto es sólo el principio del camino, es un librarse de la hipnosis del mundo de la personalidad, a cambio de un sentido de seguridad y confianza en el mundo de la esencia, pero, repito, no es permanente, incluso el primer cuerpo supremo del ser, no es inmortal, se sigue corriendo la misma suerte, todo se desgasta. El cuerpo correspondiente a este mundo se puede considerar como la energía sensitiva organizada con coherencia a través del tiempo; producida ésta por todos los esfuerzos intencionales del Trabajo sobre sí. Éstos producen el crecimiento de dicho cuerpo y dicho proceso se da en un tiempo diferente. Un hombre sólo es inmortal cuando este cuerpo creado por la energía sensible, capaz de sobrevivir a la muerte del cuerpo físico, aunque mortal en sí, se convierte en la base para que surja la parte más elevada del hombre, el alma, el “Yo soy”. Dicho surgimiento está relacionado con la generación y organización de la energía consciente, así como con la consecución de la Voluntad. En este mundo ya no se está separado de los demás, aquí sí es posible entrar en los demás.

Es ahora que paso al mundo 12, el de la individualidad, el del “Yo soy”, quiero decir que el acceso no es fácil, en las Escrituras dice: “Angosta es la puerta y estrecho el camino y pocos son los que dan con ella”. En este mundo la energía consciente es concentrada, ello permite ver la realidad de un modo diferente, no tenemos necesidad alguna de afirmarnos, ni de tener algo, ni de ser algo. Aquí hay un cambio en el centro del escenario, ya no es el ser el que lo ocupa, sino el “Yo soy”, nuestro propio yo, se vive en un estado de realidad espiritual y se toma  de modo efectivo ese compromiso con la existencia que inició nuestra propia concepción, es una realidad nuestra libertad y se es un ser auto creado.

La libertad real no es sólo poder ser uno mismo, sino también poder ser no-uno mismo. Es decir, ser capaz de ponerse en el lugar de los demás.

La transición del mundo esencial al del “Yo soy” la marca ese poder de ponerse en el lugar de los demás y ser uno con los demás,  así como ser enteramente uno mismo.

La totalidad del mundo del “Yo soy” es toda la humanidad, ésta fluye a través de todos los yos, se comprende que sólo existe una vida, misma que recorre todos los miembros de los cuerpos, no hay voluntades separadas, una Es.

En el mundo del “Yo soy” opera la ley de identidad, ya que es lo que aún diferencía a aquellos Individuos Sagrados que han alcanzado tal individualidad. Ahora hablo sin rodeos y afirmo que en la perfecta unión del hombre y la mujer hay una unicidad de ser y voluntad, pero ambos retienen sus identidades separadas. Esta unión de la que hablo es aquella en donde se trasciende lo personal, librarse de lo personal es ese olvidarse del que hablo de sí mismo. Lo que se descubre es quién es uno en realidad. Es el “Yo soy”, distinto de cualquier cosa, aquí se ha vencido el egoísmo, lo importante para uno es la vida y voluntad comunes de toda la humanidad.

 Quienes poseemos el “Yo soy” alcanzamos la realidad eterna, ésta es una situación fuera del tiempo, no se está más sujeto al camino de acontecimientos sucesivos forzados a recorrer en mundos inferiores. Podemos manifestarnos en el espacio y el tiempo independientemente de la posición de nuestro cuerpo físico. Vemos tiempo y espacio como son, parte de las restricciones bajo las cuales existen los mundos inferiores. Nacimiento y muerte no son el comienzo y final de la vida, sino parte de un modelo donde hay libertad real. Se existe a un nivel superior de orden, por lo que se está libre del tiempo y el espacio. El “Yo soy”  no está más sujeto a las restricciones de los mundos inferiores, que conducen al sufrimiento, a la desunión, la desilusión y el desgaste. Somos inmortales sin necesidad de morir.

El cómo pasar de un mundo inferior a uno superior es un sustraerse de los condicionamientos implantados por la educación y las vibraciones de nuestros antepasados, mismas que se convierten en leyes para sí mismos. Lo que se debe hacer es crear en sí mismos las funciones superiores y a la organización de energías superiores, las cuales son capaces de responder al operar de las leyes superiores. El hombre con su “Yo soy” posee un segundo cuerpo, mismo que tiene control sobre todo su ser, luego el siguiente estadío es la concepción del tercer cuerpo supremo del ser, mismo que está conectado con la fuente de todo. Es libre de espacio y tiempo pero aún se retiene una identidad diferenciada.

Dije que al entrar en el mundo esencial la comprensión es grande, se ve el mundo de la personalidad como algo pesado y restrictivo, en este mundo es posible pensar libremente, no influye lo establecido, podemos darnos cuenta de nuestro entorno y estar en contacto con sí mismo. La diferencia entre estos dos mundos es fácil de comparar, el caso del mundo del “Yo soy” no es tan simple pues es necesario ir más allá de nuestra propia naturaleza. Aquí la interacción que tenemos con los demás es una interacción de la voluntad, de cierto modo dejamos de existir pues no es el ser o yo el que actúa, comprendemos que somos iguales y que ninguna voluntad es menos que otra.

Con la perfección del “Yo soy” se va más allá y el individuo es ahora un Individuo Sagrado y el centro de gravedad es el mundo 6, es decir, se cae bajo las leyes de dicho mundo y se disuelve la distinción entre uno y muchos. La dedicación a la existencia por la que comenzó la vida es trascendida, ya no hay necesidad de contacto entre las voluntades, pues todas las voluntades son la misma. En este mundo hay un obrar directo del propósito de la creación.



 Libres vuelan mis alas   Libres vuelan mis alas (Diciembre del 2007). Letra y Música: Héctor Olvera.

 Comentario de otoño del 2007.   En la actualidad el ser humano se ha visto atrapado por el acelerado ritmo de vida...

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 Reflexiones y verdades aisladas. 2007   En esta ocasión me permito compartirles una serie de reflexiones que en forma aislada y en épocas diferentes de mi estadía aquí he escrito...

 Disertación de junio del 2007   El sistema educativo representa gran parte del problema social de la actualidad.

 Sobre la inclusión del punto de vista opuesto.   El propósito de este escrito es el mismo de todo cuanto escribo, contribuir a formar un mundo mejor para las futuras generaciones, si queremos un mundo diferente, nosotros mismos debemos ser diferentes, si queremos un mañana mejor, nosotros mismos debemos ser mejores.

 Algo en lo se debe reflexionar.   En mi mundo interno interrumpidamente se gestan soliloquios, elucidaciones y dilucidaciones.

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 Otoño, 30 de Noviembre del 2006   Hoy como ayer vive en mi una nueva reflexión...

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